martes, 12 de julio de 2011

ISAAC JULIEN EN CHINA - Galería Helga de Alvear

Ten Thousand waves
        Ten Thousand Waves, ganadora del premio a la mejor muestra del circuito comercial de PhotoEspaña, es una espectacular vídeo-instalación de Isaac Julián (Londres, 1960) donde el artista, utilizando nueve pantallas, lleva a cabo un despliegue visual, cinematográfico,  de algunos de los temas, o intereses, que le han preocupado en su últimas obras. Ellos serían, básicamente, los desplazamientos de seres humanos por emigración forzosa, así como los desajustes sociales, culturales y emocionales que se derivan de esa alteración de formas de vida producidas bien por la necesidad económica, bien por la devastación llevada a cabo por una idea de progreso, si no “equivocada” (y en muchas ocasiones lo es plenamente), si, por supuesto, discutible.

        Al igual que en trabajos anteriores, Isaac Julián parte en Ten Thousand Waves de un hecho real: el naufragio y muerte en la costa británica de 23 mariscadores chinos, probablemente ilegales. Nos encontramos, entonces, con un inicio ético, moral o denunciador, y con las imágenes de la citada costa –mar embravecido y furioso – al que solo hubiera faltado acoplar la música que Britten compuso para la obertura de su ópera marinera Peter Grimes. Ya saben, la triste historia de ese patrón de barco pesquero al que se le mueren, en dudoso accidente laboral, todos los aprendices que contrata, todos ellos muy pobres, muy guapos y muy jóvenes. Este es el inicio de Diez mil olas. Cincuenta minutos después (son muchas olas, en verdad) Isaac Julián da por finalizada su muy sofisticada denuncia, y para entonces ya nadie se acuerda de los pobres chinos en el barco marisquero. Justo después de las negras olas de la costa británica pasamos, como en las antiguas novelas de Pearl S. Buck, y que afortunadamente ya nadie lee, del Viento del Oeste al Viento del Este. O al revés, no recuerdo bien. Tampoco importa. ¿Qué ocurre entre el minuto cinco, luego de las olas salvajes y asesinas, y el minuto cincuenta del metraje? Pues que nos vamos a China.

        En el milenario país, con famosa actriz oriental por medio, Maggie Cheung, y de un artista chino contemporáneo, Yang Fudog, asistimos a los prodigiosos cambios acaecidos allí en los últimos tiempos, especialmente en su capital comercial, Shanghay, donde su downtown, así como las vertiginosas autopistas de circunvalación que la rodean, se erigen en protagonistas indiscutibles de la película. Pero hay más protagonistas, y secundarios. El mismo Shanghai durante los años treinta, bien en filmación contemporánea y ambientación de época, bien en películas originales, cuando en esa década se convirtió en la capital cinematográfica de China. Pero también documentales de rojas banderas al viento de la era maoísta, y umbríos bosques de la China rural, surcada por ríos plateados con fértiles orillas de bambú, más un calígrafo exquisito, Gong Fagen, más los versos de la poetisa y fotógrafa Wang Ping… y Mazu, diosa de la mitología china, y que parece acompañar de vuelta a casa (no queda muy claro, pero nos gusta pensar que así es) a tres marineros salvados del naufragio. Un vértigo oriental.

        Ten Thousand Waves es una obra cubista. Queremos decimos, cincuenta minutos de metraje proyectados en nueve pantallas, mas un presupuesto económico sospechamos que muy abultado, dan para llevar hasta sus últimas consecuencias el antiguo deseo cubista de ver al mismo tiempo todos los planos de una imagen, o todos los prismas de una figura geométrica. Nunca hasta el cansancio o el aburrimiento, en absoluto, pero sí hasta el paroxismo visual, hasta el punto de que, como dijo alguien, nos quedamos “con el ojo lleno de inmensidad y la lengua paralizada”. Bien mirado, no es mal resultado. Ah, los pobres marisqueros chinos náufragos… También entendemos que de algo hay que partir, y si es por  buena causa mejor que mejor.




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